Arborecer

 

Hace algunos años, animado por un Manzano, inicié una jornada de descubrimientos asombrosos en la comunicación con las plantas. Al comienzo, a pesar de la claridad de las experiencias dudaba de mi propia percepción. Luego, en el encuentro con otras personas, leyendo testimonios, libros de divulgación y algunos textos científicos, comprobé que la “comunicación” con las plantas y árboles es y ha sido, en otras culturas y épocas, mucho más frecuente y habitual de lo que imaginaba. En la actualidad, ante la ausencia de un espacio compartido y legitimado donde expresarlas, esas experiencias quedan reducidas a anécdotas personales que son difíciles de integrar en la vida cotidiana y de las que es mejor no hablar a riesgo de parecer lunático.

Arborecer, da cuenta de instantes de esta jornada que ha expandido mi conciencia, sanado mi alma y mostrado la generosidad y abundancia de la vida.

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Haiku austral

 

La práctica del haiku me ha facilitado una aproximación y una relación con los árboles y las plantas. Desde sus orígenes, el haiku ha estado vinculado a la naturaleza, a una vivencia extraordinaria del instante, al encuentro del aquí y ahora y a la disolución del escritor en su entorno. En esas vivencias extraordinarias, epifanías o pequeñas iluminaciones, rompemos las fronteras internas y externas con nuestro entorno y dentro de nosotros.

 

La forma textual del haiku obliga a dar cuenta de esas experiencias en 17 sílabas, desafía a destilar lo esencial, a eliminar las explicaciones, las causas efecto, las especulaciones. El azar de lo que permita la métrica, en cierta medida nos libera de la responsabilidad personal y le da una vida independiente al pequeño poema.

   

El haiku se completa en la lectura, en el compartir. No siempre logra tocar el corazón del lector. Esto depende de la habilidad del escritor, pero también de que el lector se disponga a recibirlo. Si se logra ese encuentro se comparte la emoción y la admiración del instante que vivió quién lo escribió.

Cinco cuadernos

 

He ordenado los haikus que componen este libro en cinco cuadernos que se refieren a cinco lugares en que viví o vivo experiencias profundas relacionadas con las plantas.

Los que corresponden a Manzano y Jardín de la Gratitud recogen momentos a lo largo de un tiempo largo y cotidiano, que da cuenta del paso de las estaciones, el desarrollo y el florecimiento.

 

Bosques Australes es el viaje de regreso a mi origen en la región de Magallanes y la enseñanza de esos bosques que crecen bajo los vientos implacables que unen las masas heladas de la Antártida y del sur de América.

San Pedro de Atacama, en medio del desierto más árido del mundo es el contraste entre la vida del oasis y la extensión desnuda y mineral que manifiesta el Cosmos en la Tierra.

Ayahuasca se construye alrededor de la experiencia con la ayahuasca y el yahé en Brasil, en un estado alterado de consciencia inducido por una planta sagrada.

 

Si de entre todos estos haikus alguno toca al lector y lo conecta con los preciosos instantes que he vivido en mi viaje por el Reino Plantae, mi gratitud por este trabajo realizado será plena.