Un manzano japonés, malus floribunda, me guió hacia la comunicación con el Reino Plantae.
Mi exploración ondula entre el arte y la investigación, a través de procesos cocreativos con plantas y animales. Ha tomado formas diversas, desde textos, fotografías y vídeos hasta y el cultivo, la ingestión o la meditación.

Una de las prácticas más bellas y constantes es la senda de las flores.
El florecimiento es probablemente el momento donde la energía de la planta es más dinámica, sensible y expansiva. Las especies buscan conectarse y atraer a insectos, aves y mamíferos en un despliegue de colores, formas, aromas y texturas. Las plantas están en una vibración muy comunicativa. Utilizando la técnica de la insolación en el agua he cosechado decenas de esas energías. La técnica de la captación es muy sencilla y con mínimos elementos cualquiera puede realizarla en un jardín, un parque o en un bosque.

Mi trabajo con las esencias vibracionales de las flores está enfocado en recibir la energía de cada planta, y observar qué efectos, qué conexiones, qué aperturas propone hacia el Reino Plantae y hacia la vida en un amplio sentido. Sin duda el diálogo con las plantas produce efectos benéficos y sanadores y cada una es un regalo especial: una expande los sentidos, otra ayuda a soñar, otra a realizar, otra a inspirarse, otra a conectarse con plantas y animales, otra a recuperar el cuerpo, otra a hacer fluir la energía o a ampliar la consciencia… La senda de las flores es una forma sutil y amable de apertura y comunicación con las plantas, y la evidencia de los resultados entusiasma y motiva a seguir explorando.

La senda de las flores  tiene distintos momentos.
El primero es quizás el más fundamental: hacer contacto, dejar que una planta, un ejemplar, se manifieste y llame. Esto es sorprendente. Aunque trato de intencionar mi búsqueda, la mayoría de las veces es la planta la que decide, la que se hace notar y “abre el diálogo”.
El segundo, es la cosecha de la energía mediante al técnica de la insolación. Busco ampliar las formas de comunicación y contacto, entendiendo que el fluir entre nosotros no será en un lenguaje digital o exacto, sino una cocreación artística y poética. Por eso potencio la intuición y la metáfora en el proceso de “recolectar y guardar una esencia”. (Las fotografías de esta página corresponden a esta etapa).

El tercero, es el examen de los efectos de la energía emocional, corporal, espiritual, por nombrar algunas, que moviliza la planta en mi: siempre es una sorpresa. En ocasiones cuando he desarrollado mis propias observaciones comparo con los de algunos buscadores de sistemas florales de uso terapéutico. A menudo hay coincidencias, a veces no.
El cuarto, es compartir las esencias vibracionales, sus beneficios y regalos, y la belleza de la senda de las flores como invitación a habitar y dejarse habitar por el Reino Plantae, a explorar otros mundos y correr nuestros límites. Arborecer.

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